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El nabo: la verdura que está en toda verdulería y nadie compra

Está en el puesto de verduras de casi cualquier mercado, al lado de la zanahoria, sin hacer nada por ganarse un lugar en tu bolsa. Qué es el nabo en realidad, qué tiene de nutritivo, cómo prepararlo sin desperdiciarlo — y cuándo vale la pena agregarlo a la lista.

El nabo es una verdura de raíz de la familia de las crucíferas — la misma del brócoli, el repollo y el kale. Tiene piel blanca y morada, pulpa firme y blanca por dentro, y un sabor levemente amargo cuando está crudo. Con cerca de 22 calorías por 100g cocido, funciona bien en sopas, purés, al horno y en ensaladas. Se consigue todo el año en la mayoría de los mercados — y es una de las verduras más ignoradas del puesto.

Nabo fresco sobre una superficie clara — verdura de raíz con piel blanca y morada

Foto: Pexels

Variedad de raíces y verduras frescas sobre fondo rústico — nabo, zanahoria y otros vegetales

Foto: Pexels

Qué es el nabo

El nabo (Brassica rapa subsp. rapa) es una verdura de raíz de la familia de las crucíferas. La misma familia del brócoli, el kale, el repollo y el rábano. Una familia con bastante amargor y mucha nutrición en partes casi iguales.

La parte que se come es la raíz: redonda o levemente ovalada, con piel blanca en la base y morada en la parte de arriba, donde queda expuesta al sol. Por dentro es blanca, firme y crujiente — parecida al rábano, pero más grande y con sabor más terroso.

El sabor cambia bastante según cómo se prepare. Crudo, es picante y algo amargo. Cocido, se suaviza. Al horno, se vuelve casi dulce, con los bordes ligeramente caramelizados. Es una verdura que se transforma — para mejor — con el calor.

Las hojas también se comen. Sabor más marcado, parecido a la acelga o la mostaza. En algunos países se aprovechan en sopas y guisos tradicionales. La mayoría de la gente que compra nabo en el súper las tira sin pensarlo dos veces.

El nabo no es lo mismo que el rábano, aunque en la verdulería y en las recetas se confunden todo el tiempo. Esa confusión es lo bastante común como para merecer su propia sección — sigue leyendo.

Nabo vs. rábano: cómo diferenciarlos

Si alguna vez llevaste a casa lo que creías que era un nabo y resultó ser más pequeño, más picante y de otro color, ya sabes que la confusión es real. Acá está la diferencia real.

El nabo pertenece al género Brassica; el rábano, al género Raphanus — son parientes lejanos, no la misma planta con otro nombre.

En apariencia, el rábano es más pequeño y de piel roja o rosada. El nabo es más grande, de piel blanca con la parte superior morada, y de forma más redondeada y aplanada.

En sabor, los dos son picantes cuando están tiernos. Al madurar, el rábano se vuelve más amargo y el nabo se vuelve más dulce — justo lo contrario de lo que la mayoría asume. Cocido, el rábano gana dulzor; el nabo gana un sabor a nuez y a tierra que el rábano no tiene.

En tiempo de cultivo también se diferencian: el rábano está listo en unos 22 días, el nabo necesita al menos 60. Eso explica por qué el rábano es la verdura de crecimiento rápido en cualquier huerta y el nabo casi nunca lo es.

Vale mencionar también al colinabo (o rutabaga), un pariente más grande y de piel cerosa, cruce natural entre el nabo y el repollo. Se usa de forma parecida en sopas y guisos, pero tarda más en cocinarse por ser más denso.

Lo que tiene por dentro: información nutricional del nabo

100g de nabo cocido tiene aproximadamente:

Bajo en calorías, con fibra razonable, buena fuente de vitamina C y potasio. Nada extraordinario — es una verdura común, no un superalimento. Pero para armar una sopa o un puré nutritivo con pocas calorías, es una opción sólida.

Las hojas superan a la raíz en varios nutrientes: tienen más vitamina K, vitamina C, betacaroteno y calcio. Si compras el nabo con las hojas, úsalas. Salteadas con ajo quedan bien. Tirarlas es desperdiciar nutrición que ya vino incluida sin costo extra.

Una nota honesta: estos números son estimaciones basadas en bases de datos de composición nutricional comparables (USDA FoodData Central y fuentes similares). Los valores varían según el tamaño, la variedad y el método de cocción.

Tipos de nabo que vas a encontrar

En la mayoría de las verdulerías vas a encontrar principalmente dos variantes:

Nabo común (Brassica rapa)

El que la mayoría imagina al escuchar la palabra nabo. Raíz blanca y morada, ovalada o redonda, del tamaño de una manzana grande. Sabor levemente amargo. Funciona bien en sopa, puré, guiso y ensalada cruda. Es el más barato y el más fácil de conseguir.

Nabos baby o de ensalada

Más pequeños, más dulces y tiernos — suelen venderse en manojo con las hojas todavía pegadas, sobre todo en mercados de productores. Estos son los que vale la pena comer crudos: en láminas finas con aceite de oliva y sal, sin necesidad de cocinarlos. Si el nabo común no te convenció antes, esta versión es la que hay que probar antes de descartar la verdura por completo.

Colinabo y daikon

No son técnicamente nabo, pero se usan de forma tan parecida que vale la pena conocerlos — ver la comparación de arriba para más detalle. El colinabo funciona en cualquier receta donde iría el nabo, solo que tarda más en cocinarse. El daikon (rábano japonés) es más suave y aparece más en platos asiáticos y encurtidos rápidos.

Verduras variadas en un puesto de mercado — zanahoria, remolacha y raíces frescas

Foto: Pexels

Cómo cocinar nabo

El nabo es versátil. El error más común es probarlo crudo sin ninguna preparación y decidir que no gusta. Crudo es la versión más intensa de esta verdura. Con calor, cambia por completo.

Crudo — en ensaladas

Cortado en láminas finas o rallado, funciona bien en ensalada. El sabor amargo está más presente. Combínalo con algo ácido — vinagre, limón — para equilibrarlo. Un truco útil: deja las láminas en agua con unas gotas de limón o vinagre por 15 minutos antes de usarlas. El amargor baja bastante.

Cocido — en sopas y caldos

El uso más común, y la forma más fácil de convencer a alguien que dice que no le gusta. En sopas, caldos y guisos, el nabo se suaviza y absorbe bien el sazón del caldo. Córtalo en cubos medianos y agrégalo junto con zanahoria, papa y apio. El nabo se cocina un poco más rápido que la papa — agrégalo después si quieres texturas parecidas.

Al horno — la versión que convierte

Cubos de nabo, aceite de oliva, sal y romero. Horno a 200°C por 25 a 30 minutos. Los bordes quedan levemente dorados y caramelizados. El sabor se vuelve más dulce. Es la versión que convence a quien lo probó crudo y no le gustó. Queda bien al lado de pollo al horno o como parte de una bandeja de verduras asadas.

Puré — más ligero que la papa

Cocina el nabo hasta que quede blando, procésalo con mantequilla, sal y pimienta. El resultado se parece al puré de papa, pero más ligero. Una combinación que funciona bien: mitad papa, mitad nabo. Más cremoso, menos calórico.

En escabeche — encurtido rápido

Láminas finas en salmuera (agua, vinagre y sal) quedan listas en 24 horas en el refrigerador. Bueno para acompañar carnes a la parrilla, en lugar del pepinillo de siempre. Aguanta hasta 2 semanas en el refrigerador, en un frasco cerrado.

Menos decisiones que tomar al cocinar. Mise se encarga.

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Cómo comprar y guardar nabo en casa

Al momento de comprar

Prefiere los nabos más pequeños si vas a comerlos crudos. Los más grandes rinden mejor cocidos o al horno.

Cómo guardarlo

Sin las hojas, el nabo dura de 1 a 2 semanas en el cajón de verduras del refrigerador. Con las hojas, guarda la raíz y las hojas por separado — las hojas se marchitan más rápido que la raíz se echa a perder. Cortado y guardado en un recipiente cerrado, dura de 3 a 4 días.

Para congelar: cocínalo, blanquéalo brevemente (1 minuto en agua hirviendo, luego directo a agua con hielo), sécalo bien y congélalo en porciones. Aguanta de 3 a 4 meses. Crudo no se congela bien — la textura queda blanda al descongelarse.

Si tienes el hábito de llevar registro de lo que hay en tu despensa antes de ir al mercado, el nabo es un ingrediente que se olvida rápido — fácil de olvidar que lo tienes, fácil de dejar que se pase de tiempo.

Vale la pena agregarlo a la lista

Depende de lo que estés tratando de resolver.

Si quieres sumar una verdura barata y de sabor distinto a la sopa de la semana, el nabo es una buena opción. Barato, disponible todo el año, y hace que el caldo se sienta más interesante que solo con papa y zanahoria. Un kilo de nabo suele costar poco en cualquier mercado — a ese precio, probarlo no compromete el presupuesto.

Si nunca lo has probado y todavía no sabes qué vas a hacer con él, el riesgo es comprarlo, no usarlo y terminar tirándolo. Antes de agregarlo a la lista de compras, ten un uso en mente — aunque sea algo tan simple como "va en la sopa del miércoles". Un ingrediente nuevo solo se queda en la rutina cuando tiene un destino antes de la compra.

El nabo también tiene sentido cuando quieres reducir calorías sin reducir el volumen del plato. Cambiar la mitad de la papa de un guiso por nabo corta calorías sin cortar la sensación de plato lleno. No es una promesa de dieta — es solo matemática de verdura.

No es un ingrediente básico de despensa. Pero si cocinas sopa con regularidad o quieres variar el guiso de la semana, el nabo se merece salir del anonimato del puesto al menos una vez al mes.

Ya está ahí cada semana que pasas por el puesto. Nunca te habías detenido a mirarlo bien.

Preguntas frecuentes sobre el nabo

Gus

Creador de Mise. Pasa frente al puesto de nabos cada semana desde hace años. El nabo lo mira desde ahí. Esta semana, por fin, entró a la lista.

Sopa lista. Lista hecha.
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Nabo: qué es, sus beneficios y cómo cocinarlo bien